Una de nuestras amigas nos cuenta, en esta ocasión, cómo puede resultar de desastrosa "una primera vez".
A mis dieciséis añitos acudí a mi primer concierto acompañada por mi novio (el que era por aquél entonces) y sus amigos. Lo pasamos estupendamente, entre cánticos, saltos, brincos y empujones; acabamos afónicos.
La hora de volver a casa se nos echó encima y mi novio me acercó a casa en su Seat Ibiza negro. Por el camino...
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lunes, 15 de febrero de 2010
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